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Economía doméstica: cinco consejos para hacer crecer tus ahorros

Economía doméstica: cinco consejos para hacer crecer tus ahorros

Si queremos asegurar un futuro económico a nuestras familias, y aislarnos ante los posibles problemas de sostenibilidad futuros del sistema público de pensiones, es necesario comenzar a aplicar ciertas prácticas de economía doméstica. No es necesario ser un experto en finanzas ni trabajar en Wall Street: basta con aplicar ciertos consejos para hacer crecer tus ahorros a nuestro día a día, ajustando aquello que no hacemos bien y eliminando ciertos hábitos que, a largo plazo, minan nuestra economía.

Ciertas costumbres económicas muy extendidas son realmente negativas para nuestra economía doméstica. Sobre el papel, pueden parecer pequeñas cantidades o detalles casi insignificantes, pero vistos con una proyección temporal y sumados uno tras otro, todos esos elementos pueden ser de gran importancia. Por eso, desde finline queremos proponer estos cinco consejos con los que ver crecer nuestro dinero.

Inversiones fiables y a largo plazo

La mejor forma de blindar la estabilidad económica de nuestro hogar es contar con una cartera de inversiones que nos reporte periódicamente rentabilidades. Participar en el mundo financiero, pese a los estereotipos que lo rodean, no es ni mucho menos algo reservado a grandes fortunas ni personas necesariamente con un poder adquisitivo por encima de lo normal.

Pequeños ahorradores pueden realizar sus inversiones, siempre adaptadas a sus objetivos y recursos, y buscar con ellas obtener, a su nivel, unas rentabilidades interesantes. Podemos diversificar según el nivel de riesgo y producto elegido, y destinar parte de nuestras posibilidades a inversiones a largo plazo que, aunque no vayan a darnos una retribución desorbitada, sean estables y nos permitan poco a poco hacer crecer nuestros ahorros.

Organización y distribución de gastos caseros

La economía doméstica es pura organización. Para poder llevarla de la mejor manera posible, lo ideal es dejar pocas cosas al azar. Valorar de qué recursos disponemos y separar: por un lado, los gastos fijos como el alquiler, las facturas o la comida. Por otra parte, gastos destinados a lo que económicamente se llaman caprichos: salir a comer fuera, ropa, tecnología, etc. Finalmente, decidir cuánto podemos guardar cada mes.

Con unas sencillas cuentas mensuales, podemos prever los gastos imprescindibles, las cantidades necesarias para cubrir nuestras apetencias o vida social y, por supuesto, el ahorro. Un consejo: hacer las cuentas a final de mes para, al recibir los ingresos durante los primeros días, poder distribuir el dinero antes de que se evapore.

Eliminar gastos superfluos

El gran enemigo de la economía doméstica, especialmente cuando los recursos no son ilimitados, es la impulsividad. No es que sea necesario convertirse en un autómata, pero sí debemos llevar cierto control. La organización y distribución de gastos caseros que explicábamos en el punto anterior nos puede dar una buena guía: la cantidad que decidamos destinar a caprichos nos permitirá tener cintura para gastos que no sean necesarios, además de dar pie a llevar cierto control dentro de la impulsividad.

Muchas personas se dejan llevar por primeras impresiones o tentaciones: ver una oferta llamativa o un producto apetecible puede suponer que, si no lo pensamos suficiente, el proceso termine con un objeto inútil en el fondo de un armario y, por tanto, un dinero prácticamente tirado a la basura. No se trata de no darse caprichos, sino de pensarlos un poco antes de desperdiciar nuestros ahorros. Una vez es anecdótica, pero si ocurre a menudo puede suponer un desembolso importante con el tiempo.

Ahorro privado

Antiguamente, la gente se guardaba el dinero debajo del colchón. Aunque el formato de ahorro está algo obsoleto, e incluso guardar grandes cantidades de dinero en efectivo puede ser contraproducente para nuestros intereses, sí es recomendable apostar por una parte de ahorro privado.

La organización de los gastos e ingresos, así como el evitar ciertas compras impulsivas innecesarias, nos dejará margen para ir acumulando poco a poco unos ahorros que, en el futuro, nos puedan permitir alcanzar algo que con nuestros ingresos a corto plazo no podríamos abastar: la entrada de una vivienda, sustituir el coche o unas merecidas vacaciones.

Movimiento del capital

No es necesaria una licenciatura para conocer uno de los principios económicos básicos: el dinero debe moverse. El capital, incluso aunque sean unos pequeños ahorros familiares, debe estar en circulación para evitar que pierda valor con el tiempo. Si ahorramos durante mucho tiempo, pero vamos acumulando dinero en una cuenta que, por ejemplo, nos genera unos gastos de mantenimiento, estaremos desperdiciando parte de nuestro esfuerzo.

Es importante buscar siempre, por pequeña que sea, una rentabilidad. Y para ello, es de gran ayuda tener el capital en constante movimiento. Buscar dónde nos ofrecen unas condiciones más favorables y adaptadas a nuestras necesidades es importante, y no requiere más que de cierta curiosidad e iniciativa personal. Por supuesto, eso también se aplicaría a nuestras inversiones: los mercados son cambiantes y es necesario adaptarse a sus fluctuaciones, ya que el producto financiero que hoy era muy interesante y rentable puede dejar de serlo.

La economía doméstica se gestiona en casa. Pero en finline podemos ayudarte a que funcione mejor recomendándote los productos financieros más apropiados para tu perfil.

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