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Invertir con el corazón

¿Se invierte con la cabeza o con el corazón? La respuesta parece evidente: debemos contar con todos los datos, estudiar fríamente cada inversión y analizar la situación minuciosamente para elegir las carteras y los productos con precisión. Es decir, pura cabeza. Pero, por obvio que resulte, no todo el mundo se toma tan en serio las finanzas, aunque implique invertir tu dinero. Invertir con el corazón implica no hacerlo.

Nuestro compañero y asesor financiero independiente Agustín Bernia, uno de los miembros del equipo finline, asesor patrimonial y responsable de que los ahorros de nuestros clientes siempre estén bien atendidos, vivió un caso hace poco. Un viejo amigo acudió a él para pedirle consejo: tenía unas acciones que le estaban reportando unas importantes pérdidas, y no sabía qué hacer.

Con la cabeza, la respuesta era clara: vender. La situación de la empresa era poco alentadora, todavía no estaba todo perdido y la perspectiva no daba pie al optimismo. Pero su amigo, obcecado quizá por un sesgo cognitivo, dejándose llevar más por el corazón y la intuición, argumentaba con rumores: la empresa preparaba un golpe de efecto, la bolsa a la larga siempre sube… Un abanico de pretextos con los que aferrarse a la esperanza de que se diese un giro de 180 grados que implicase que su inversión se mantendría a salvo.

Un estudio llevado a cabo hace ya décadas por parte de Amos Tversky y Daniel Kahneman, que además les supuso el Premio Nobel en Ciencias Económicas de 1979, determinó, en pocas palabras, que los inversores dejan de comportarse de manera racional y de actuar según parámetros objetivos cuando se encuentran ante situaciones límite y alternativas arriesgadas.

Pero ¿por qué muchos inversores se dejan llevar por sesgos emocionales intangibles ante situaciones que requieren de una capacidad analítica estrictamente objetiva? Invertir tu dinero con el corazón puede salir bien a corto plazo, pero no deja de ser lanzar una moneda al aire. La respuesta, tal y como determinaron Tversky y Kahneman, se halla en que la alegría que supone una inversión satisfactoria no es equiparable al disgusto por perder dinero. A idénticas cantidades, ganar reporta una satisfacción mucho menor que la angustia de la pérdida.

Este estudio se extiende en la aversión a las pérdidas con ejemplos gráficos, así como en la asimetría en las preferencias al riesgo y en la necesidad de una estrategia previa antes de comenzar la inversión. Invertir tu dinero con el corazón, aunque el azar reporte un beneficio puntualmente, nunca es un buen plan.

Todo ello, extensamente detallado y explicado en este artículo de Agustín Bernia en Valencia Plaza.

Agustín Bernia es Asesor Financiero independiente de finline, registrada en la CNMV como Raúl Aznar González EAFI.

 

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One Comment

  • Juan Pablo Jutgla

    Me parece muy interesante este post pues es importante estar informado antes de invertir.

    Gracias por compartir esta información,

    Saludos y gracias!